
Por Tomás Parker,
Enviado Especial, VII Región.
Chile debe ser el único país del mundo en que todas las generaciones de familias han vivido un terremoto. Habían pasado 25 años desde el último gran sismo en la zona central, cuando volvimos a sufrir un golpe telúrico devastador, agravado por el posterior maremoto, del 27 de febrero último.
En Linares pocas fachadas de las casas se cayeron, pero en su interior muchas están derrumbadas. La provincia de Cauquenes tuvo peor suerte, y el terremoto expresó su furia en el hospital de Parral, en la capital provincial las viviendas y negocios se vinieron abajo, y cuadras completas deberán ser derrumbadas.
(Nota del editor de "Terremoto-Tsunami en Curanipe": en el fragmento en negrita y cursiva debe entenderse que, la provincia de Cauquenes tuvo peor suerte y el terremotó expresó su furia en su hospital. Luego en la capital de la provincia vecina de Linares que es Parral las viviendas y negocios, etc., etc.)
Camino a Sausal, en pleno campo, el Ejército le dio una carpa y alimentos a la familia García, alejados y olvidados por las autoridades civiles, como muchas otras casas. Hacia la costa la naturaleza pasó de ser un lugar agradable a uno trágico, fúnebre. Una imagen que jamás se vislumbrará desde Santiago.
Un aire denso, cargado, es el recibimiento que se siente en la provincia de Cauquenes. Cansa la angustia, la preocupación, y duele la incertidumbre de la gente.
Si hay que hacer una comparación con algo parecido que recuerde, podría pensar en las imágenes de la segunda guerra mundial, la guerra de Irak, quizás la guerra en Bosnia, el tsunami de Sumatra o el terremoto reciente de Haití, comparaciones donde el dolor pegó de distinta manera, pero con un solo sentimiento: tragedia infernal.
El Coronel Jorge Concha Sandoval, Director de la Escuela de Artillería de Linares, resume el desastre: “En la Provincia de Cauquenes hay toque de queda en Chanco, Pelluhue y Curanipe, porque se vieron más afectadas y era más factible que pudiera haber algún tipo de saqueo, sobre todo en las últimas dos localidades, siendo las más desvastadas por el tsunami. El terremoto causó mucho daño, pero en las zonas en que alcanzó el maremoto las destruyó completamente y no encontramos gente viva por rescatar”.
Clara Lepe, dueña de una casa damnificada, cuenta que “lo único que esperamos es que no llueva luego, porque estamos durmiendo en carpa”.
La merma económica es preocupante, relata el Coronel Concha, quien habla de la realidad de la zona. “Está bastante complicada: En Constitución está una planta de celulosa Celco que fue arrasada y es fuente de trabajo para muchas personas. En el borde costero, la gente perdió los botes, motores, redes, todo eso quedó inservible; la única forma de recuperarse es que vuelvan a tener con su herramienta de trabajo.
Los trabajadores agrícolas se vieron un poco menos afectados. Hay muchos temporeros desarrollando sus actividades en forma normal, pero hay periodos que son más difíciles, como en invierno, lo que podría generar aumento de cesantía. Por eso, muchos municipios están planificando entregar alimentos en los meses de mayo-junio, no es el caso del pescador que perdió hoy su embarcación”.
El presidente de los pescadores de Pelluhue, Gregorio Moraga, señala que “la pesca representa el 80% del movimiento del pueblo. Nosotros teníamos una flota aproximada de 50 botes dedicados a la pesca. Actualmente tenemos como 15 embarcaciones que se pueden reparar, lo que quiere decir que 35 se perdieron, lo que está estimado en unos $300 millones”.
Carmen Lagos, dueña de un almacén, relata que “las ventas han bajado mucho y tuvimos que comprar nuevos equipos y mercadería. Yo no he recibido ninguna ayuda como comerciante”.
El Coronel Concha, destaca que “todas las personas de las localidades actuaron como debían. En las calles de las distintas localidades están los símbolos de evacuación y la gente local había entrenado y lo hizo bien, al contrario de los turistas”.
Una de las cosas sorprenden en el recorrido es la gran labor del Ejército en la zona. Esto se refleja en las carpas entregadas, el puente mecano que levantaron en Curanipe, la recolección y distribución de la ayuda, la seguridad entregada, y en forma nítida, la limpieza que han hecho en las playas. “La principal labor es dar seguridad, pero también estamos cooperando en forma importante en la distribución de alimento”, explica el Coronel Concha.
El comandante Héctor Orrego, reveló que “la única forma de generar condiciones para que la gente bajara de los cerros era dejarle el terreno tal cual como estaba antes, porque lo contrario no iban a bajar”.
El teniente Boris Muñoz, agrega que “una de las iniciativas que tuvo el personal de la Escuela de Artillería, fue llevarle alegría a los niños de la zona afectada, porque era un aspecto que se estaba dejando de lado, por eso se organizó una comitiva llevando juegos, dulces y shows; todo con donaciones locales”.
La celeridad y eficiencia como respuesta inmediata del Ejército queda en evidencia con el relato del Coronel Concha. “Ese día había gente de la escuela de franco, de salida, o con permiso, y que también se vio afectada, pero se organizaron patrullas con la gente que estaba en la escuela de servicio. Estas concurrieron de forma inmediata a dar la tranquilidad y seguridad a las distintas comunas de nuestra jurisdicción. Más tarde con 90 hombres a mi mando salimos hacia Constitución. Después, fueron llegando más unidades”.
En el recuento, señala “hay muchas casas en el suelo, cuadras completas que hay que demoler y se está trabajando en eso. La cantidad de maquinaria necesaria es muchísima y se están empleando a full los medios existentes, pero siempre es deseable más”.
La Escuela de Artillería contribuyó con el municipio de Linares, donde entregaron combustible a los vehículos municipales y de bomberos para que pudieran concurrir a las emergencias. El Coronel Concha precisa que “las municipalidades son las que tienen la responsabilidad del catastro, porque tienen la organización que cubre a toda la comunidad”.
El comandante Héctor Orrego, afirma que “entrar a un pueblo devastado es lo que más cuesta. Detrás del militar hay un ser humano que ve que hay cuerpos, casas destruidas, juguetes, eso es lo más fuerte”.
Los afectados están muy agradecidos de la labor del Ejército. Carmen Lagos, cuenta que “me siento segura con ellos, no me atrevo a dejar mi negocio solo, sin que estén”.
El mayor Patricio Torres Aguirre, señala que para su “institución ha sido una experiencia gratificante, hemos comprobado la calidad de nuestros efectivos y es importante que la sociedad conozca nuestras capacidades. No solamente estamos dentro de los cuarteles, somos parte importante de nuestro país y tenemos mucho que hacer por los chilenos”.
De todo el esfuerzo y trabajo del Ejército el Teniente Mario Klein Rojas señala que: “Podemos concluir que nuestra planificación y los planes de enlace que tenemos en la Escuela de Artillería para que se activen en caso de emergencia, dieron resultados”.
Puede que las casas estén en el suelo, que el maremoto haya arrasado con lo que alcanzó, pero la solidaridad, el coraje, la fuerza, esa capacidad de resiliencia del chileno no se perderá jamás.
Es de esperar que la ciudadanía reconozca la labor y misión de nuestro Ejercito de Chile, ese que es de verdad de todos los chilenos, del que podemos sentirnos orgullosos cada uno de nosotros y no hacer efectivo el dicho que escuché una vez del Sargento Víctor Mosqueira diciendo que “cuando pasa el peligro, Dios y el soldado son olvidados”.
Fuente: Estrategia On Line - Chile - 23.03.10
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